Faltan líderes y sobran ingenieros sociales utópicos

Las organizaciones tienen un alma que hay que mimar. Ese espíritu genera sostenibilidad para los proyectos porque, sin alma, una organización es un mero organigrama, un grupo de personas empeñadas en conseguir rendimiento  económico, una simplona adicción de designios egoístas. El alma de la organización permite transformar a un grupo en un equipo. Un entusiasmo participado, un proyecto consiente mutua generosidad entre los stakeholders, y augura permanencia